mercoledì, novembre 06, 2013

El día en que Mallafré se rompió el brazo

Las de submarinos, sin duda; las películas que prefiero son las de submarinos. Ese juego del gato y el ratón con los enemigos, ese sepulcral silencio exterior… ¡esa claustrofobia! Y, por encima de todo, esos fantásticos capitanes capaces de emitir seis o siete órdenes seguidas sin apenas respiro, y siempre a gritos. “¡Cierren la escotilla de babor!”, “¡Póngame en comunicación con el contramaestre!”, “¡Bajen el periscopio!”, “¡Preparen misil número dos!”... “¡Lancen contramedidas!”. Es mi género preferido, sin duda. Y no puedo oír esa maravillosa retahíla de órdenes sin recordar el día en que Mallafré se rompió el brazo.
Fue en el patio del colegio, hace ya muchos años, cuando apenas teníamos doce o trece. Jugábamos al fútbol y en realidad no sé cómo sucedió: recuerdo, sí, el silencio sepulcral que se apoderó de todos, Mallafré incluido. En la caída, el brazo se le había roto por un par de sitios y le colgaba como un guiñapo ante su atónita mirada. Y la nuestra. Lo siguiente fue la inmediata aparición del Hermano Agustí, llegando desde la banda y cruzando el patio a grandes y decididas zancadas. Y dando órdenes: “¡No le toquéis!” “¡Apartaos!” “¡Subid a clase! ¡Todos!”. Borderas, no sé por qué él, recibió una orden directa del Hermano Agustí: “Corre, Borderas, rápido, a consejería, avisa al señor Vicente que llame a una ambulancia!”. El Hermano, de quien jamás habría sospechado yo esos dotes de mando, cogió delicada y eficazmente a Mallafré, que a esas alturas ya se había desmayado, sin proferir un solo gritito, y se lo llevó en volandas. El silencio seguía siendo sepulcral y lo fue toda la tarde, incluso cuando ya estábamos otra vez en clase.
Mallafré tardó unos días en volver, aparatosamente enyesado y, estoy seguro, esperando lucir su protagonismo. Craso error. Mallafré no tardó en darse cuenta del anónimo papel que le tocó vivir en la tragedia. Los protagonistas, quedó claro, no fueron ni él ni tampoco el Hermano Agustí. Fuimos nosotros, que llevábamos días contándonos los unos a los otros qué vimos, qué sentimos, qué hicimos en esos breves segundos que sucedieron entre la caída de Mallafré y la marcha del Hermano con nuestro compañero en brazos. Nos contamos la historia, la recordamos, la mejoramos.

-Cuando llegó la ambulancia… –empezó Mallafré.
-Tú que sabrás, tú estabas desmayado –le corregimos.

Las películas de submarinos, sin duda.

3 Comments:

Blogger SBP said...

Que alguien me indique una peli de submarinos en la que haya sexo. ¿No? Pues no es una película, es un documental falso.

A mí me molan más las historias de patio de colegio... Aunque sea con curas ;-)

3:18 PM  
Blogger Jordi said...

Sin duda, la gran película que queda por hacer es la de sexo submarino.

10:30 PM  
Blogger C. B. said...

Y el hipnótico pitido del sonar: diiij, diiij, diiij...

9:26 PM  

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