mercoledì, gennaio 16, 2013

Ocho años

Digan lo que digan, ocho años son muchos y eso a veces es un problema. Ocho son los años que le llevo a la Nueva y aunque mi siempre intacta lozanía disimule a la vista de terceros la considerable diferencia, lo cierto es que en ocasiones ese abismo generacional es… pues eso, un abismo. Como el otro día, cuando nos cruzamos por la calle con el Grasas, un hombrecillo que debe su apodo a su siempre brillante tupecillo y que trabaja de camarero en una cafetería del barrio que la Nueva y yo solo frecuentamos en verano, en los días más insoportables de agosto, cuando hasta los chinos se han ido de vacaciones.

-Siempre pienso que el Grasas –dijo la Nueva tras cruzarnos con él- se quedó anclado en algún momento del pasado.

Pensé que la Nueva tenía razón, como casi siempre. El Grasas es de un anticuado terrible. Original, eso sí. Viste original, sus gafas de sol son espeluznantes. Se peina original. Incluso lleva un peine en el bolsillo trasero del pantalón.

-No creo que tenga muchos más años que tú –prosiguió la Nueva- pero se quedó anclado en el pasado hace muchos años. Tantos, que ni siquiera sabría decir cuándo. No recuerdo que la gente se haya vestido así nunca.
-Bueno –dije yo. (Siempre digo “bueno” cuando voy a iniciar un sabio discurso desde la experiencia que me dan los ocho años de ventaja que le llevo a la Nueva)- Para mí que el Grasas se quedó anclado en 1978.
-¿Cómo puedes ser tan exacto? –me dijo la Nueva con admiración.
-Bueno –repetí- Es que el Grasas me recuerda mucho a Rocky Sharpe y los Replays.
-¿Eh? –dijo ella. La admiración que segundos antes la Nueva había sentido por mí acababa de tornarse en impenetrable incomprensión, como si a Umbrello y a Fratello les habláramos ahora del fax, las fiestas de guardar o el UHF.
-Sí, Rocky Sharpe y los Replays –dije- Un grupo de mi infancia. Al Grasas seguro que les gustaban antes de caer en coma o en alguna drogadicción o de que le encerraran en la cárcel, o una mezcla de todas esa cosas.
-Ah. Ni idea- dijo ella.
-No son tan antiguos –dije algo incómodo.
-No, claro –dijo.
-Ramalama ding dong –insistí absurdamente- Si hasta salen en youtube.
-Claro, claro -murmuró.

 En fin, pues eso. El Grasas. Rocky Sharpe. Ocho malditos años.

6 Comments:

Blogger M. said...

Me acabo de percatar que si pones al 8 de costado tienes simbolizado al infinito (magnitud de mi vergonzoso desconocimiento de Rocky Sharpe y los suyos). Saludos.

9:07 PM  
Blogger BLANCO said...

¿Ocho años te parecen un abismo? Dieciocho sí que lo son. Esos son los que hay entre mi chica y yo. Para engañarme, suelo disponer los años horizontalmente. Parece más fácil de recorrer un camino de años que un abismo de años.
Me gustó mucho el relato.
Saludos.

9:52 AM  
Blogger Jordi said...

Blanco: Dieciocho años parecen muchos, pero en realidad no son nada. Es decir, son tantos, que el péndulo de la historia ya ha tenido tiempo de ir y volver y, por ejemplo, lo que para tu chica es ultramoderno, para ti ya fue moderno hace un montón de tiempo. En el caso de la Nueva y yo, la modernidad del Grasas del 78 aún no ha tenido tiempo de volver a ponerse de moda. Menudo teoría acabo de cascarme en un minuto.

10:43 AM  
Anonymous J.T. said...

Nunca estoy tranquilo al lado de alguien que lleva un peine en el bolsillo del pantalón. En el momento más inesperado, se mira al escaparate y zas, peina. Yo tengo la teoría (que expondré en treinta segundos) de que uno ha de salir peinado de casa, y si al salir se despeina, eso forma parte del "quehacer" diario. Un peine fuera del baño es un arma descontrolada. Cuidado.

4:50 PM  
Blogger BLANCO said...

Le daré vueltas a tu teoría. No, mejor no.

11:27 AM  
Blogger C. B. said...

Ay, yo tengo el vinilo del Rama-Lama, Y eso que sólo me llevo cinco años con mi mujer (me doy cuenta de que la frase es perfectamente incongruente).
Un saludo.

12:02 PM  

Posta un commento

<< Home