sabato, maggio 23, 2009
El nuevo nombre de Umbrello para los próximos días es Varicelo, así que le tenemos encerrado en casa de cuarentena. Mientras, he estado leyendo algunas cosas sobre la varicela -en la wikipedia, dónde si no- y me he enterado de que en Chile a esta enfermedad también se la conoce como peste cristal. El nombre es medio espantoso y medio poético y, francamente, me he alegrado, por primera vez en mi vida, de no ser chileno. Prefiero que Umbrello pase la varicela a la peste, por muy de cristal que sea.
giovedì, maggio 07, 2009
Bodegones
En su comentario a mi último post, Ossip me puso sobre la pista de un magnífico blog: www.tsutpen.blogspot.com, que es algo así como un álbum sin mucho orden ni concierto de fascinantes fotografías. Como me advirtió Ossip, hay varias de Marilyn; la última, la que publicaron ayer, me parece la mejor. Es posible que les llevara horas hacerla, pero en cualquier caso consiguieron que pareciera improvisada y natural.
De las paredes de casa siguen colgando varias fotos de Marilyn. Imagino que cuando Umbrello empiece a hablar y se interese por esas cosas querrá saber quién es esa señora. Le diré que es la tieta. Una tieta ya fallecida.
Qué suerte tendrá Umbrello. En la casa de mis padres también había una foto de una tieta, pero no tan guapa. El resto, bodegones y una misteriosa Ultima Cena que merece un comentario aparte.
mercoledì, aprile 22, 2009
Ofensa
Una vez, durante nuestro breve noviazgo, la Nueva me dijo que me amaba por mi fina inteligencia, mi simpatía y amabilidad, mis sofisticados gustos y mi extraña belleza.
-¿Y por mi dinero no? -pregunté ofendido.
-¿Y por mi dinero no? -pregunté ofendido.
martedì, aprile 07, 2009
Devon Loch
En el Grand National de 1956 el caballo Devon Loch desperdició un triunfo que tenía en sus pezuñas: dominaba la carrera a placer cuando, a falta de unos miserables treinta metros, se tiró en plancha absurdamente como si se tratara de un jugador de rugby en busca de un placaje. Nunca se supo qué le ocurrió a Devon Loch. Se cree que alguna sombra quizá le confundió y vio delante suyo un último obstáculo inexistente qué saltar.
En cualquier caso Devon Loch perdió una carrera que tenía ganada y, desde entonces, en el lenguaje deportivo inglés "to do a Devon Loch" (hacer un Devon Loch) significa exactamente eso: desperdiciar en el último momento una victoria que está asegurada.
Devon Loch pertenecía a la Reina que, tras observar la tontería que acababa de hacer su caballo, comentó:
-Las carreras son así.
No sé si con esa frase inventó la Reina en ese preciso momento el tópico que asegura que el fútbol es así.
martedì, marzo 17, 2009
Comimos fuera
Las múltiples enfermedades que han aquejado a Umbrello y a la Nueva estas últimas semanas parecen empezar a remitir y, para celebrarlo, ayer fuimos a comer fuera de casa. Mientras esperábamos el primer plato la Nueva puso de repente cara de susto y me preguntó:
-¿Cogiste las pastillas?
No las había cogido, claro está, pero entre el sofoco de la Nueva y mi lamentable olvido me dio por pensar que, en estos tiempos tan modernos en que vivimos, no estaría de más que los mejores restaurantes pusieran a disposición de sus clientes, además de la carta de platos y de vinos, el carro de repostería y el de quesos, los cafés y los puros, una carta de medicinas. Ya me veo ojeándola:
-Yo tomaré Tegretol.
-¿Y la señora?
-Una copita de Bisolvón, por favor.
-¿Cogiste las pastillas?
No las había cogido, claro está, pero entre el sofoco de la Nueva y mi lamentable olvido me dio por pensar que, en estos tiempos tan modernos en que vivimos, no estaría de más que los mejores restaurantes pusieran a disposición de sus clientes, además de la carta de platos y de vinos, el carro de repostería y el de quesos, los cafés y los puros, una carta de medicinas. Ya me veo ojeándola:
-Yo tomaré Tegretol.
-¿Y la señora?
-Una copita de Bisolvón, por favor.
lunedì, febbraio 23, 2009
Chistes para la Nueva
La Nueva lleva un par de semanas enferma y yo, convertido en improvisado enfermero ante la atónita mirada de Umbrello. Ayer la Nueva me dijo, cansada de tantos días de fiebres:
-Esto parece un velatorio.
-No -dije yo- En un velatorio hay chistes.
Nos reímos mucho. Nunca dudé de que saldremos de ésta, porque tampoco hay para tanto, pero ahora sé que lo haremos a base de chistes.
-Esto parece un velatorio.
-No -dije yo- En un velatorio hay chistes.
Nos reímos mucho. Nunca dudé de que saldremos de ésta, porque tampoco hay para tanto, pero ahora sé que lo haremos a base de chistes.
martedì, gennaio 27, 2009
Umbrello y los locos
Harta de tener que impedir que Umbrello ponga sus deditos en los enchufes, robe los mandos del televisor, destroce los últimos vinilos vivos, se coma mis zapatillas, secuestre al pez, persiga a la cucaracha, destripe sus peluches, ponga anís en su biberón y se cague en el sofá, la Nueva exclamó:
-¡Umbrello, basta! ¿Cómo tenemos que vivir? ¿En una habitación acolchada como locos?
Ya he pedido presupuesto.
-¡Umbrello, basta! ¿Cómo tenemos que vivir? ¿En una habitación acolchada como locos?
Ya he pedido presupuesto.
lunedì, gennaio 19, 2009
Descomposición
Aquel hombre falleció tan, tan viejo, que sus familiares solían decir, haciendo uso de los clichés periodísticos, que murió en avanzado estado de descomposición.
Y ya que hablo de clichés: acabo de acordarme de aquél que habla de un mar infestado de tiburones. Conozco a un señor apellidado Infesta y, por culpa del cliché, y a pesar de su aspecto más bien besuguil, cada vez que le veo no puedo dejar de pensar en feroces tiburones.
Y ya que hablo de clichés: acabo de acordarme de aquél que habla de un mar infestado de tiburones. Conozco a un señor apellidado Infesta y, por culpa del cliché, y a pesar de su aspecto más bien besuguil, cada vez que le veo no puedo dejar de pensar en feroces tiburones.
mercoledì, novembre 19, 2008
Debo evitar los motines
La entidad bancaria que juega alegremente con mis ahorros me envió ayer una carta en la que me comunica que, asociado con mi tarjeta de crédito, dispongo de un seguro de vida de accidentes. Si fallezco en accidente mis descendientes, es decir, Umbrello, recibirán la bonita suma de seis mil euros. En la carta me explicaban las condiciones de la póliza, esa letra pequeña que nadie se lee pero que ayer yo leí mientras con el rabillo del ojo vigilaba cómo Umbrello destripaba un oso de peluche.
Queda claro que la póliza cubre mi muerte por un accidente. Pero... ¿de qué formas puedo morirme para que Umbrello cobre? De varias, me explican: en un atentado, por descargas eléctricas -el rayo inclusive, especifican-, por mordeduras de animal y de picadura de insecto -pero no por las infecciones que éstos produzcan, así que deduzco que si me pica un insecto lo más práctico para mí y para Umbrello es palmarla inmediatamente sin esperar a la infección-, los envenenamientos debidos a un acto criminal de terceros, las distensiones musculares aunque sólo sean consecuencia de un súbito esfuerzo propio (?), etcétera, etcétera.
¿Y de qué formas no me está permitido morir sin poner en peligro el futuro económico de Umbrello? Hay varias situaciones que debo evitar y, si no es posible, estoy obligado a sobrevivirlas. Por ejemplo, los accidentes ocurridos en ocasión de guerras, motines y revoluciones, la práctica de la lucha libre y artes marciales en general y la muerte o lesiones producidas por la desintegración nuclear.
Lo de la desintegración nuclear me preocupa más bien poco, porque si me desintegro nuclearmente lo más probable es que Umbrello y la Nueva se desintegren conmigo y, con nosotros, el tío del banco y la aseguradora.
Lo que me emociona mucho es darme cuenta de que debo evitar morir en un motín. Hasta ahora yo era un irresponsable que si iba por la calle y veía un motín, ¡zas!, me metía en él inmediatamente. La de motines que he vivido. Qué burro he sido. Ahora viviré de forma prudente y me alejaré de los motines. Todo sea por el bienestar de Umbrello.
Queda claro que la póliza cubre mi muerte por un accidente. Pero... ¿de qué formas puedo morirme para que Umbrello cobre? De varias, me explican: en un atentado, por descargas eléctricas -el rayo inclusive, especifican-, por mordeduras de animal y de picadura de insecto -pero no por las infecciones que éstos produzcan, así que deduzco que si me pica un insecto lo más práctico para mí y para Umbrello es palmarla inmediatamente sin esperar a la infección-, los envenenamientos debidos a un acto criminal de terceros, las distensiones musculares aunque sólo sean consecuencia de un súbito esfuerzo propio (?), etcétera, etcétera.
¿Y de qué formas no me está permitido morir sin poner en peligro el futuro económico de Umbrello? Hay varias situaciones que debo evitar y, si no es posible, estoy obligado a sobrevivirlas. Por ejemplo, los accidentes ocurridos en ocasión de guerras, motines y revoluciones, la práctica de la lucha libre y artes marciales en general y la muerte o lesiones producidas por la desintegración nuclear.
Lo de la desintegración nuclear me preocupa más bien poco, porque si me desintegro nuclearmente lo más probable es que Umbrello y la Nueva se desintegren conmigo y, con nosotros, el tío del banco y la aseguradora.
Lo que me emociona mucho es darme cuenta de que debo evitar morir en un motín. Hasta ahora yo era un irresponsable que si iba por la calle y veía un motín, ¡zas!, me metía en él inmediatamente. La de motines que he vivido. Qué burro he sido. Ahora viviré de forma prudente y me alejaré de los motines. Todo sea por el bienestar de Umbrello.
giovedì, novembre 13, 2008
Lotería
Estoy acumulando ya, desde octubre y ante el espanto de la Nueva, numerosas participaciones de la Lotería de Navidad. Ella insiste en que el ahorro es la vía más segura hacia el bienestar familiar y que todo ese dinero que estoy gastando en números, décimos y participaciones deberíamos dedicarlos a los estudios universitarios de Umbrello, como si fuéramos estadounidenses de telefilm. Quizá a la Nueva no le falte razón, pero siempre he sentido una irresistible atracción hacia la Lotería de Navidad. Y digo que quizá no le falte razón porque los grandes maestros (los novelistas, los de antaño y los de ahora) han advertido al vulgo de los peligros y falsedades de la lotería.
Lo hizo Stendhal, por ejemplo, en Rojo y negro: “La lotería: engaño cierto y felicidad buscada por locos”, nos dejó escrito. O George Orwell, en 1984: “La lotería, que pagaba cada semana enormes premios, era el único acontecimiento público al que los proles concedían una serie atención. Probablemente, había millones de proles para quienes la lotería era la principal razón de su existencia. Era toda su delicia, su locura, su estimulante intelectual. En todo lo referente a la lotería, hasta la gente que apenas sabía leer y escribir parecía capaz de intrincados cálculos matemáticos y asombrosas proezas memorísticas. Toda una tribu de proles se ganaba la vida vendiendo predicciones, amuletos, sistemas para dominar el azar y otras cosas que servían a los maniáticos. Winston (..) sabía perfectamente (como cualquier miembro del Partido) que los premios eran en su mayoría imaginarios. Sólo se pagaban pequeñas sumas y los ganadores de los grandes premios eran personas inexistentes”.
¿Quizá la lotería es un montaje? ¿Cómo Bin Laden, los asombrosos resultados del Barça actual o la religión? Borges lo asegura en La lotería en Babilonia, en la que insinúa que la Compañía que reparte fabulosos y extrraños premios en realidad no existe más que como justificación de la gris vida de los babilónicos. Según mi querido Chéjov la lotería sí existe, pero sólo para desesperar aún más a los necesitados. En el cuento El billete de lotería, el miserable protagonista se cree millonario por unas horas hasta que descubre que ha leído mal el número ganador; es posible que algún día me ocurra eso a mí, que ayer viendo las noticias leí mal un titular que rezaba: “Los peligros de consumir cannabis”. Ante mi propio pasmo, leí: “Los peligros de consumir caníbales”. En fin. Pelegrí, el pobre protagonista de Les garses, una obra teatral del modernista catalán Ignasi Iglésias, ve como se estropea su vida en cuanto le toca la lotería: pierde la confianza en todos aquellos que le rodean.
Apenas hay referencias sobre la felicidad que proporciona la lotería (la premiada, claro). Recuerdo que en La hora de la cerveza, de Anthony Burgess, el borrachín Nabby Adams pierde su billete pero alguien le regala otro: el ganador. Nabby promete dedicar todo el dinero a beber y a ayudar a sus amigos: felicidad completa. Y también recuerdo, pero muy vagamente, que en una novela de Julio Verne (Por un billete de lotería, creo que se llamaba) hay dos enamorados, un naufragio, un Robinson Crusoe enamorado, una novia desconsolada, un billete de lotería guardado durante años como prenda de amor, un oportuno rescate y una alegría final sin precedentes y con boda por todo lo alto.
Prefiero esa visión de la lotería, la de Burgess y la de Verne, que las anteriores. Aunque también sospecho que la Lotería de Navidad es un fraude y que ese palurdo que el día del sorteo aparece borracho botella de champán en mano en todos los telediarios del país diciendo que ha ganado 20 millones es un actor. Siempre el mismo. Muy malo, por cierto.
PD: Agradecería nuevas aportaciones sobre el tema lotero en la literatura. Estoy escribiendo una monografía. Sobre actores borrachos.
Lo hizo Stendhal, por ejemplo, en Rojo y negro: “La lotería: engaño cierto y felicidad buscada por locos”, nos dejó escrito. O George Orwell, en 1984: “La lotería, que pagaba cada semana enormes premios, era el único acontecimiento público al que los proles concedían una serie atención. Probablemente, había millones de proles para quienes la lotería era la principal razón de su existencia. Era toda su delicia, su locura, su estimulante intelectual. En todo lo referente a la lotería, hasta la gente que apenas sabía leer y escribir parecía capaz de intrincados cálculos matemáticos y asombrosas proezas memorísticas. Toda una tribu de proles se ganaba la vida vendiendo predicciones, amuletos, sistemas para dominar el azar y otras cosas que servían a los maniáticos. Winston (..) sabía perfectamente (como cualquier miembro del Partido) que los premios eran en su mayoría imaginarios. Sólo se pagaban pequeñas sumas y los ganadores de los grandes premios eran personas inexistentes”.
¿Quizá la lotería es un montaje? ¿Cómo Bin Laden, los asombrosos resultados del Barça actual o la religión? Borges lo asegura en La lotería en Babilonia, en la que insinúa que la Compañía que reparte fabulosos y extrraños premios en realidad no existe más que como justificación de la gris vida de los babilónicos. Según mi querido Chéjov la lotería sí existe, pero sólo para desesperar aún más a los necesitados. En el cuento El billete de lotería, el miserable protagonista se cree millonario por unas horas hasta que descubre que ha leído mal el número ganador; es posible que algún día me ocurra eso a mí, que ayer viendo las noticias leí mal un titular que rezaba: “Los peligros de consumir cannabis”. Ante mi propio pasmo, leí: “Los peligros de consumir caníbales”. En fin. Pelegrí, el pobre protagonista de Les garses, una obra teatral del modernista catalán Ignasi Iglésias, ve como se estropea su vida en cuanto le toca la lotería: pierde la confianza en todos aquellos que le rodean.
Apenas hay referencias sobre la felicidad que proporciona la lotería (la premiada, claro). Recuerdo que en La hora de la cerveza, de Anthony Burgess, el borrachín Nabby Adams pierde su billete pero alguien le regala otro: el ganador. Nabby promete dedicar todo el dinero a beber y a ayudar a sus amigos: felicidad completa. Y también recuerdo, pero muy vagamente, que en una novela de Julio Verne (Por un billete de lotería, creo que se llamaba) hay dos enamorados, un naufragio, un Robinson Crusoe enamorado, una novia desconsolada, un billete de lotería guardado durante años como prenda de amor, un oportuno rescate y una alegría final sin precedentes y con boda por todo lo alto.
Prefiero esa visión de la lotería, la de Burgess y la de Verne, que las anteriores. Aunque también sospecho que la Lotería de Navidad es un fraude y que ese palurdo que el día del sorteo aparece borracho botella de champán en mano en todos los telediarios del país diciendo que ha ganado 20 millones es un actor. Siempre el mismo. Muy malo, por cierto.
PD: Agradecería nuevas aportaciones sobre el tema lotero en la literatura. Estoy escribiendo una monografía. Sobre actores borrachos.
lunedì, ottobre 27, 2008
La verdadera historia
Llevaba días yo reflexionando acerca de la crisis actual. Los periódicos van repletos de titulares tremebundos: que es el fin del capitalismo como lo hemos conocido, que el sistema bancario peligra, que las cifras del paro se disparan, que la Bolsa se derrumba (y a mí qué, pienso: yo prefiero el Casino). Es, dicen, una crisis que pasará a los anales de la historia. Que se hablará de ella durante siglos.
Pues no: a mí se me antoja que quizá no hay para tanto. Que es posible que mañana me quede sin trabajo y que mi banco me diga al siguiente que se ha pulido mi inmensa fortuna. Pero que de ahí a que la crisis pase a la historia con titulares del cuerpo 26 hay un trecho.
Pero no sabía explicar todo eso hasta que, ayer, tomé un libro al azar para ir al lavabo y, también al azar, lo abrí por una página cualquiera y leí exactamente y con una precisión asombrosa lo que yo quería decir:
“Tales jornadas” -imaginad que esas jornadas son las de la crisis que nos azota- “tienen menos relación con la historia que con el periodismo: yo he sospechado que la historia, la verdadera historia, es más pudorosa y que sus fechas esenciales pueden ser, asimismo, durante largo tiempo, secretas”.
Es Borges, claro está, quien habla.
Pues no: a mí se me antoja que quizá no hay para tanto. Que es posible que mañana me quede sin trabajo y que mi banco me diga al siguiente que se ha pulido mi inmensa fortuna. Pero que de ahí a que la crisis pase a la historia con titulares del cuerpo 26 hay un trecho.
Pero no sabía explicar todo eso hasta que, ayer, tomé un libro al azar para ir al lavabo y, también al azar, lo abrí por una página cualquiera y leí exactamente y con una precisión asombrosa lo que yo quería decir:
“Tales jornadas” -imaginad que esas jornadas son las de la crisis que nos azota- “tienen menos relación con la historia que con el periodismo: yo he sospechado que la historia, la verdadera historia, es más pudorosa y que sus fechas esenciales pueden ser, asimismo, durante largo tiempo, secretas”.
Es Borges, claro está, quien habla.
venerdì, ottobre 24, 2008
Redemption Song
Para el fin de semana, esta bellísima versión a cargo de mi amado Johnny Cash y de Joe Strummer de Redemption Song, de Bob Marley.
mercoledì, ottobre 22, 2008
De tarugos y de conspiraciones
En apenas unas semanas los estadounidenses tendrán nuevo presidente. Parece que ganará Obama y, pese al entusiasmo más o menos generalizado, a mí el personaje me da cierto repelús. Me hace pensar en un futuro presidente americano de telefilme de sobremesa, de esos que tratan de oscuras e ininteligibles conspiraciones; mi problema es que aún no he decidido si Obama es el conspirador o la víctima. McCain, a su lado, se me antoja mucho más transparente: es el tarugo de siempre.
En cualquier caso es el momento de dedicarle epitafios a Bush. El último lo he leído en la novela que tengo ahora en manos, Sale el espectro, de Philip Roth, cuyo argumento transcurre precisamente en las semanas anteriores a las elecciones que dieron a Bush un segundo mandato. Dice un personaje:
"Que una administración de derechas motivada por una codicia insaciable, sostenida por mentiras letales y encabezada por un tarugo privilegiado deba responder a la infantil idea norteamericana de moralidad... ¿cómo se puede vivir con algo tan grotesco?"
En cualquier caso es el momento de dedicarle epitafios a Bush. El último lo he leído en la novela que tengo ahora en manos, Sale el espectro, de Philip Roth, cuyo argumento transcurre precisamente en las semanas anteriores a las elecciones que dieron a Bush un segundo mandato. Dice un personaje:
"Que una administración de derechas motivada por una codicia insaciable, sostenida por mentiras letales y encabezada por un tarugo privilegiado deba responder a la infantil idea norteamericana de moralidad... ¿cómo se puede vivir con algo tan grotesco?"
sabato, ottobre 11, 2008
Crisis
La crisis es tan grave y desde el nacimiento de Umbrello nuestros gastos son tan enormes que la Nueva y yo, armados de lápiz y papel, hemos hecho unos números esta mañana. Tras muchos cálculos y borrones, hemos llegado a la conclusión de que podemos mantener nuestro ritmo de vida (es decir, viajar en metro, pagarle la guardería a Umbrello y la hipoteca al banco) si reducimos gastos en otros apartados.
Por ejemplo, en el de la comida. Podemos ir de restaurante una vez a la semana. Pero sólo al McDonald’s. Y no a cualquiera: sólo al McOutlet de McDonald’s. Es mucho más barato y buscando un poco se pueden encontrar cheeseburgers y bigmacs casi nuevos, apenas se les ven los mordisquitos.
Por ejemplo, en el de la comida. Podemos ir de restaurante una vez a la semana. Pero sólo al McDonald’s. Y no a cualquiera: sólo al McOutlet de McDonald’s. Es mucho más barato y buscando un poco se pueden encontrar cheeseburgers y bigmacs casi nuevos, apenas se les ven los mordisquitos.
giovedì, ottobre 02, 2008
Please don´t let me be misunderstood
Estoy seguro de que en algún rincón de este blog ya puse un día esta canción de los Animals. Pero ahora no la encuentro. No sé. Quizá tuve otra vida. Quizá tuve otro blog.
martedì, settembre 02, 2008
Misterios paquistaníes
Recordando mi interés por la zapatería china Sobrepassr Corrent, Flash me informó de la existencia de este singular establecimiento regentado por paquistaníes en el barrio de Gràcia. El comercio se halla en la calle dedicada al célebre científico Santiago Ramón y Cajal y a Flash le pareció deliciosamente absurdo -y a mí también- que se llamara Super Cajal. No Super Ramón y Cajal. Ni Super Ramón. Simplemente Super Cajal.
También le impresionó a Flash que en el rótulo se especificara además que aquél se trataba del Super Cajal Dani.
-¡Como si hubiera otros supercajales aparte del de Dani! -me dijo intrigado- Pero he recorrido la calle entera con detenimiento y no existe ningún otro supercajal.
Así pasa las tardes Flash. Y así las pasamos la Nueva, Umbrello y yo: armados de nuestra cámara fotográfica estuvimos hoy un buen rato ante el Super Cajal. La foto la hizo la Nueva, porque a mí me dio reparo que me vieran hacerla.
mercoledì, agosto 06, 2008
Fútbol de madrugada
La otra noche tomé la insensata decisión de trasnochar para ver por televisión un partido de pretemporada de mi Barça. El encuentro se jugaba en Chicago y empezaba, por esas cosas de la distancia y del cambio horario, a la una de la madrugada. Me costó mucho resistirme al sueño; en el balcón, mientras fumaba un cigarrillo esperando a que diera inicio el partido, pensé:
-¿No podrían emitirlo antes? ¿Aunque fuera en diferido?
Comprendí que mi mente ya se estaba dejando llevar por los mundos del sueño y de lo absurdo. Como siempre, de todos modos.
-¿No podrían emitirlo antes? ¿Aunque fuera en diferido?
Comprendí que mi mente ya se estaba dejando llevar por los mundos del sueño y de lo absurdo. Como siempre, de todos modos.
martedì, luglio 08, 2008
Umbrello: su mano
Umbrello precisa constantemente de mis servicios. Es bello e incapaz, como un príncipe. Y, cuando al fin duerme, me dedico a la Nueva. Y además estoy de vacaciones. Así que para qué actualizar.
Pero el blog no ha muerto: con la ayuda de la Nueva y pese a la seria oposición de Umbrello estoy preparando un detallado estudio sobre el comercio del Clot, nuestro barrio, dotado hasta la náusea de peluquerías y carente por completo de librerías.
lunedì, giugno 16, 2008
Vinieron las lluvias
Desde que Umbrello nació llueve día sí y día también. Barcelona se ha convertido en un nuevo Ramchipur, el escenario donde transcurría el argumento de aquella película de temática pluviosa donde las hay, Vinieron las lluvias. En el film, de todos modos, no sólo llueve: también hay un terremoto. Eso he leído, claro, porque en realidad nunca vi Vinieron las lluvias, que es de 1939. Mi recuerdo de esa película se limita al cartel propagandístico que adornaba el escaparate de un zapatero remendón que había cerca de la casa de mis padres y que a mí me fascinaba diariamente, especialmente por su título. En el cartel, un Tyrone Power disfrazado de indio y un George Brent caracterizado de sí mismo compiten en la ridiculez de su bigote ante la expresión pánfila de Mirna Loy. En cualquier caso estoy atento, además de a los biberones, a los sismógrafos.
lunedì, giugno 09, 2008
Poetas malditos
"Baudelaire inventó la figura del poeta maldito, pero también la idea de que éste, para serlo, necesariamente ha de ser un plasta y un cafre".
Enrique Vila Matas
(Homenaje en Burdeos, El País, 8 de junio del 2008)
Enrique Vila Matas
(Homenaje en Burdeos, El País, 8 de junio del 2008)
lunedì, maggio 19, 2008
Músicas antiguas
“Sabemos que Nerón tocaba cuerdas, pero, ¿qué exactamente? Cuando Jesús y los apóstoles hubieron tocado un himno, se dirigieron al Monte de los Olivos, pero, ¿qué himno cantaron? Si lo oyéramos ahora, ¿nos horrorizaría oír al Salvador de la Humanidad desgañitándose y aullando con voz nasal?”
Robertson Davies: Angeles rebeldes
Robertson Davies: Angeles rebeldes
domenica, maggio 11, 2008
Umbrello y el gobernador
Hace un par de años, la Nueva y yo nos fuimos de vacaciones a Nueva York. Por la noche, en nuestro camastro del Hotel Transilvania, derrengados tras andar todo el día por los sitios turísticos y por los que no lo son tanto, zapeabamos sin mucho interés entre los canales televisivos. En todos ellos repetían una y otra vez propaganda electoral del candidato Spitzer, que aspiraba al cargo de gobernador del Estado. De tanto oírla, esta canción se nos quedó grabada en la mente. Bastantes meses más tarde, cuando supimos que Umbrello se estaba formando en el vientre de la Nueva, empezamos a cantársela a él. Y ahora que ya está en casa se la seguimos cantando. Spitzer ganó esas elecciones. Hace pocas semanas salió en todos los informativos, acusado de tener tratos con una prostituta. Creo que incluso tuvo que presentar la dimisión (como si hubiera cometido un crimen espantoso, como bombardear un indefenso poblado iraquí, por ejemplo). Pero Umbrello no sabe nada de eso.
sabato, maggio 10, 2008
Umbrello ya está en casa
Pues sí, Umbrello ya está en casa. En mi mente quedarán grabados para siempre muchos de los momentos vividos estos últimos cinco días, desde que la Nueva y yo llegamos al hospital hasta que, ayer por la tarde, un amable taxista nos devolvió a la lluviosa cotidianeidad del barrio del Clot. Jamás olvidaré, por ejemplo, el momento en que supe que el trágico cómico Andrés Pajares compartía hospital con nosotros, aunque en su caso no para dar a luz. El hecho me produjo una fuerte impresión, pues me di cuenta de que algún día yo podría decir sin faltar a la verdad: “Pues sí, he dormido con Pajares, qué pasa”. En realidad, las dos plantas que nos separaban del cómico nos impidieron comprobar si roncaba, si le olían los pies o cualquier otro detalle que habría encantado a los reporteros gráficos que, día tras día, se apostaron a la puerta del edificio en busca de noticias frescas sobre ese individuo. A veces mi empleo de pianista en un burdel me parece frívolo; el trabajo de esos reporteros no sólo es frívolo, sino que además debe de ser espantoso.
Es absurdo, en todo caso, querer hablar de Umbrello y hacerlo de Andrés Pajares. Es que aún me resulta difícil hablar de él (de Umbrello). Para empezar, queda claro que ese no es su nombre real, sino el ficticio, el que elegí para nombrarle en este blog. Sin embargo, tanto la Nueva como yo nos sorprendemos muy a menudo llamándole, precisamente, Umbrello.
Y es que aún tiene mucho de personaje ficticio, aunque llore y haga todas esas cosas que hacen los bebés ante la embobada mirada de la Nueva y la mía. Y la vuestra, si le viérais.
Es absurdo, en todo caso, querer hablar de Umbrello y hacerlo de Andrés Pajares. Es que aún me resulta difícil hablar de él (de Umbrello). Para empezar, queda claro que ese no es su nombre real, sino el ficticio, el que elegí para nombrarle en este blog. Sin embargo, tanto la Nueva como yo nos sorprendemos muy a menudo llamándole, precisamente, Umbrello.
Y es que aún tiene mucho de personaje ficticio, aunque llore y haga todas esas cosas que hacen los bebés ante la embobada mirada de la Nueva y la mía. Y la vuestra, si le viérais.
domenica, aprile 13, 2008
Umbrello es una incógnita
En 1937, el célebre pediatra norteamericano Walt Disney estableció los siete arquetipos más frecuentes en los que se pueden resumir el carácter de un recién nacido. Los arquetipos de Disney, conocidos como Escala Dwarfs, siguen vigentes hoy en día a pesar de que su creador acabara condenado por un tribunal internacional bajo la acusación de crueldad infantil y congelado en vida en La Haya.
Los siete arquetipos de Disney clasifican a los bebés como sabio, bonachón, dormilón, gruñón, mocoso, tímido o mudito. En apenas una semana, la Nueva saldrá de cuentas y el pequeño Umbrello, que es así como llamaremos a nuestro bebé, llegará al destartalado mundo de estos días; mientras esperamos, la Nueva y yo intentamos imaginar a qué arquetipo responderá el pequeño Umbrello.
No creemos que sea un sabio, pues la genética no le acompañará. Yo soy un cretino mayúsculo y la Nueva suele decir que de jovencita ella era “una burra pedante”. Dudo de que Umbrello se convierta en un premio Nobel. Pero pienso que quizá el padre de Einstein fue un monumental mentecato. Así que quizá sí. No sé. ¿Será Umbrello un bonachón? Observando la placidez con la que se comporta en el vientre materno, es muy posible que sí. Pero tanto la Nueva como yo tenemos a menudo incontrolables ataques de furia: cuando pierde el Barça o al aparecer Zaplana por la tele, por ejemplo. No somos en absoluto unos perfectos bonachones. ¿Y si es un gruñón? Aquí Umbrello sí contará con la ayuda de la genética. Yo gruño todo el rato y a la Nueva también le encanta gruñir. Nos pasamos el día declinando el verbo gruñir. Pero también dicen que los hijos suelen contradecir a sus padres por simple espítiru de rebeldía, así que a lo mejor Umbrello acaba siendo un santo varón que sonreirá beatíficamente a cada encuentro por el pasillo de casa a sus gruñones progenitores. ¿O acabará siendo un mocoso? No me imagino que en la vida real alguien pueda ser calificado como mocoso. Los mocosos solo aparecen en las películas, como los abrazos familiares en los porches o las casitas infantiles en lo alto de los arboles. “Oye, mocoso, sal de aquí”. “Sucio mocoso, lárgate si no quieres que te vuele la tapa de los sesos”; eso oímos en las películas. Y quizá Umbrello pierda mucho moco, pero sólo pensando muy cruelmente puedo llegar a imaginarme que un día alguien le califique básicamente de mocoso: “¡Ah, Umbrello, qué mocoso era!”. ¡Tímido! Seguro que Umbrello será tímido. Yo lo soy mucho, hasta lo enfermizo. Pero la Nueva no lo es tanto. Así que quizá será un niño medio tímido. Eso no me gustaría. Si alguien es una cosa, que lo sea con todas las consecuencias. ¿Y mudito? Bueno, espero que Umbrello no nos dé mucho la lata, al menos en sus primeros tiempos, pero estaría bien oírle llorar de vez en cuando. Que llore de cuatro a once de la tarde, por ejemplo, que es cuando yo toco el piano en un burdel.
No sé qué pensar. Umbrello es una incógnita. Así que no sé. Habrá que esperar unos días.
giovedì, marzo 27, 2008
Frases domésticas
La Nueva dixit: “Soy feliz con tu mazacotismo”.
A propósito de mi tendencia a convertir el puré de patatas casero en un monstruoso engendro con aspecto de mazacote.
mazacote.
(Del italiano marzacotto, este del árabe masḥaqūniyā, y este del siriaco mšaḥ qūnyā, literalmente, 'ungüento de sosa'; cf. portugués massicote).
1. m. hormigón (‖ mezcla de piedras y mortero).
A propósito de mi tendencia a convertir el puré de patatas casero en un monstruoso engendro con aspecto de mazacote.
mazacote.
(Del italiano marzacotto, este del árabe masḥaqūniyā, y este del siriaco mšaḥ qūnyā, literalmente, 'ungüento de sosa'; cf. portugués massicote).
1. m. hormigón (‖ mezcla de piedras y mortero).
lunedì, marzo 17, 2008
A bailar
El otro día la Nueva y yo asistimos a una boda. A la hora del baile me quedé en la mesa, como acostumbro, fumando, bebiendo y contemplando como otros invitados se movían al son de las músicas habituales. Y, como siempre ocurre en estas situaciones, tuve que esforzarme en explicarles cortésmente a las docenas de personas que se interesaron por mi sedentarismo que a mí no me gusta bailar.
-¿Y usted no baila? ¡Venga, hombre, a bailar! -me animaban.
-No, no. Odio bailar. No bailo nunca -decía yo.
Así toda la noche. Ya en casa le comenté a la Nueva que, en la próxima boda, cambiaré de actitud.
-¿Bailarás? -me preguntó.
-No, qué va. Seguiré viendo el baile de lejos.
-¿Y?
-De vez en cuando me levantaré y me acercaré a la pista de baile para hablar con alguien.
-¿Qué le dirás?
-Le diré: “¿Y usted no se sienta? ¡Venga, hombre, siéntese!”
Sé que este post es bastante pobre. Pero al menos debéis felicitarme porque he conseguido escribir un buen rato sobre bailes y bailarines sin utilizar la increíblemente estúpida expresión mover el esqueleto.
-¿Y usted no baila? ¡Venga, hombre, a bailar! -me animaban.
-No, no. Odio bailar. No bailo nunca -decía yo.
Así toda la noche. Ya en casa le comenté a la Nueva que, en la próxima boda, cambiaré de actitud.
-¿Bailarás? -me preguntó.
-No, qué va. Seguiré viendo el baile de lejos.
-¿Y?
-De vez en cuando me levantaré y me acercaré a la pista de baile para hablar con alguien.
-¿Qué le dirás?
-Le diré: “¿Y usted no se sienta? ¡Venga, hombre, siéntese!”
Sé que este post es bastante pobre. Pero al menos debéis felicitarme porque he conseguido escribir un buen rato sobre bailes y bailarines sin utilizar la increíblemente estúpida expresión mover el esqueleto.
martedì, marzo 04, 2008
Pelucas
En Londres, en 1665, durante la Gran Peste Negra, Samuel Pepys reflexiona en su diario:
"Me pregunto qué pasará con la moda de las pelucas cuando acabe la plaga, pues nadie se atreverá a comprar pelo por miedo a la infección, por si se lo han cortado a gente muerta por la plaga".
"Me pregunto qué pasará con la moda de las pelucas cuando acabe la plaga, pues nadie se atreverá a comprar pelo por miedo a la infección, por si se lo han cortado a gente muerta por la plaga".
giovedì, febbraio 28, 2008
Our mutual friend
Our mutual friend, de The Divine Comedy. Porque eso es lo que me apetecía esta mañana. Eso y un vermouth Yzaguirre, que es a lo que ahora voy.
mercoledì, febbraio 27, 2008
Razones
Me acordé de una maestra que tuve en mi infancia, una mujer muy mayor. Un día empezó a enseñarnos los principales países de Europa y sus respectivas capitales, un asunto que yo creía dominar ya gracias a mi precoz amor por los mapas. La maestra trazó en la pizarra el contorno del continente y empezó a poner letreritos en su interior: Francia-París, Italia-Roma, Rumanía-Bucarest, etcétera.
Mi sorpresa llegó cuando al este de Europa aparecieron tres países de los que yo nunca había oído hablar hasta entonces: Lituania, Letonia y Estonia. Esos nombres me parecieron maravillosos, tan tintinescos ellos, que los dibujé con entusiasmo en mi libreta, destacando con reverencial rojolápiz el nombre de sus extrañas capitales: Vilna, Riga, Tallin. Llegué a casa y pregunté a mi padre por esos misteriosos países: “Ya no existen”, fue su respuesta. Eso ocurría a principios de los años 70 y mi padre tenía razón. Años más tarde resultó que la maestra sí tuvo razón y que mi padre se equivocaba.
Me acordé de eso releyendo el otro día a mi querido Le Carre, con su impenetrable telón de acero, sus espías soviéticos y ese movimiento por la independencia del Báltico que defiende el desgraciado Vladimir. “Una causa perdida, desde luego”, escribió Le Carre. Entonces tenía razón. Y ahora ya no.
Mi sorpresa llegó cuando al este de Europa aparecieron tres países de los que yo nunca había oído hablar hasta entonces: Lituania, Letonia y Estonia. Esos nombres me parecieron maravillosos, tan tintinescos ellos, que los dibujé con entusiasmo en mi libreta, destacando con reverencial rojolápiz el nombre de sus extrañas capitales: Vilna, Riga, Tallin. Llegué a casa y pregunté a mi padre por esos misteriosos países: “Ya no existen”, fue su respuesta. Eso ocurría a principios de los años 70 y mi padre tenía razón. Años más tarde resultó que la maestra sí tuvo razón y que mi padre se equivocaba.
Me acordé de eso releyendo el otro día a mi querido Le Carre, con su impenetrable telón de acero, sus espías soviéticos y ese movimiento por la independencia del Báltico que defiende el desgraciado Vladimir. “Una causa perdida, desde luego”, escribió Le Carre. Entonces tenía razón. Y ahora ya no.
venerdì, febbraio 08, 2008
Por si llaman a la puerta
Fiel a su costumbre de no utilizar jamás los timbres, otra más de sus muchas excentricidades, Borderas, supongo, empezó golpeando suavemente la puerta con sus nudillos y al cabo de un rato debió de pasar de la suavidad al franco y directo aporreamiento con sus puños. Y como yo no le abría decidió gritar, primero mi nombre, imagino, y después mi nombre y algún insulto y luego se olvidaría de mi nombre y de su boca saldrían sólo insultos y más insultos, cada vez más imaginativos e irreproducibles. Borderas jamás tuvo mucha paciencia y creo que tras los insultos debió de pasar a las patadas a la puerta, a las embestidas con todo su cuerpo como si de un ariete se tratara y ya por entonces todo él sería una fuerza bruta descontrolada, le veo con su cara enrojecida, con esa gigantesca vena que se le marcaba en el cuello en sus momentos de más furia y cuyo estrepitoso reventón imaginé tantas veces. Y afirma la autopsia que al final atacó la puerta de mi casa con salvajes trompazos de su propia cabeza, tan sólida que parecía sobre ese cuello de jugador de rugby y que al final no debió de ser tan sólida como imaginábamos porque como todos sabéis acabó fracturándose el cráneo y los derrames internos fueron incontrolables. Estoy seguro de que su último pensamiento antes de derrumbarse en la acera fue el de maldecirme por no abrirle la puerta, sin pensar, siempre impetuoso Borderas, que quizá yo no estuviera en casa.
Cuando llegué aún vivía o mejor sería decir que aún se estaba muriendo entre sanitarios, ambulancias, policías y curiosos que admiraban sin recato la gran mancha de sangre todavía fresca estampada en mi puerta y la ya deforme cabeza de Borderas agonizante. Me vio aún y en su último esfuerzo se llevó la mano al bolsillo para entregarme unos papeles.
-Te llevaba esto. ¿Dónde estabas? -silabeó con inhumana dificultad.
-Fui al médico -dije.
No dijo más. Miró al cielo y se murió. Tomé los papeles de Borderas y vi que se trataba de un par de folios mecanografiados con un sugerente título: “Toda la verdad de mis excentricidades”. Un sanitario pidió que me apartara, otro me empujó si querer, un policía me tomó de un brazo para hacerme unas preguntas, vi un flash y luego otro y otro y supuse que los chicos de la prensa ya habían llegado al lugar del suceso y entre una cosa y otra me di cuenta de que ya no tenía en mis manos los papeles de Borderas y que jamás podría saber el por qué de sus excentricidades, ni siquiera de la última, la que le llevó a la muerte delante de mi casa. Desde entonces jamás voy al médico, no sea que un amigo vuelva a llamar a la puerta. Otra de mis excentricidades, supongo.
Cuando llegué aún vivía o mejor sería decir que aún se estaba muriendo entre sanitarios, ambulancias, policías y curiosos que admiraban sin recato la gran mancha de sangre todavía fresca estampada en mi puerta y la ya deforme cabeza de Borderas agonizante. Me vio aún y en su último esfuerzo se llevó la mano al bolsillo para entregarme unos papeles.
-Te llevaba esto. ¿Dónde estabas? -silabeó con inhumana dificultad.
-Fui al médico -dije.
No dijo más. Miró al cielo y se murió. Tomé los papeles de Borderas y vi que se trataba de un par de folios mecanografiados con un sugerente título: “Toda la verdad de mis excentricidades”. Un sanitario pidió que me apartara, otro me empujó si querer, un policía me tomó de un brazo para hacerme unas preguntas, vi un flash y luego otro y otro y supuse que los chicos de la prensa ya habían llegado al lugar del suceso y entre una cosa y otra me di cuenta de que ya no tenía en mis manos los papeles de Borderas y que jamás podría saber el por qué de sus excentricidades, ni siquiera de la última, la que le llevó a la muerte delante de mi casa. Desde entonces jamás voy al médico, no sea que un amigo vuelva a llamar a la puerta. Otra de mis excentricidades, supongo.



