giovedì, maggio 12, 2005

Australia

Aunque yo no soy escritor, una de mis más queridas aficiones es la redacción de novelas, la mayoría de las cuales se quedan sólo en el intento. La última de mis novelas abortadas se titulaba “Por qué tuve que ir a Australia sin ganas” y, aunque su argumento aún me parece bueno, la abandoné enseguida. El protagonista, Ataulfo, está enamorado de una mujer llamada Abril, aunque su relación no pasa de la buena amistad. Abril vive entregada por completo a la ciencia, rodeada siempre de tubos de ensayo, ratoncitos y... bueno, todas esas cosas que se encuentran en un laboratorio, y él dedica su vida a pensar en ella.
Un día ella es contratada por una multinacional que la obliga a traslasdarse a Australia durante un largo periodo de tiempo, siete u ocho meses, por ejemplo, para desarrollar unos interesantes estudios científicos. Ataulfo y Abril se escriben largas cartas durante ese tiempo, y esas cartas constituyen la primera parte de novela.
A través de las cartas y de lo que le cuenta Abril, en la mente de Ataulfo empieza a nacer la sospecha de que el jefe de su amada, el doctor Pretores, es en realidad un psicópata y que Abril está en peligro. Y, de repente, las cartas de Abril dejan de llegar. Ataulfo, que es un personaje de poco carácter y escasos recursos, se siente obligado a viajar a Australia sin ganas para descubrir qué le ha ocurrido a su amada. En Australia, después de una serie de aventuras, todas misteriosas, tipo David Lynch, Ataulfo empieza a darse cuenta de que, en realidad, el doctor no es un psicópata, que si alguien está mal de la cabeza es él mismo. Ataulfo comprende dolorosamente que lo que ha intuido en las cartas de Abril es que su amada y el doctor se han enrollado, y que son los celos los que han motivado su viaje a Australia.
Y, entonces, el doctor Pretores acaba muriendo en un accidente causado involuntariamente por Ataulfo al manipular imprudentemente unos peligrosos cultivos explosivos en el laboratorio. Tras la muerte del doctor, y en una bella escena en el cementerio, Ataulfo se da cuenta de que Abril ya no es la misma persona que conoció unos meses atrás y que en realidad él también ha cambiado mucho. Ataulfo se va de Australia dejando a Abril dedicada para siempre a sus ratoncitos de laboratorio.
Bueno, pues todo ese argumento lo tenía en la cabeza, pero en realidad de la novela sólo escribí el título, “Por qué tuve que ir a Australia sin ganas”. ¿Por qué motivo no pasé de ahí? Pues porque me di cuenta de que yo no sé nada de Australia, no he estado nunca allí, y sé que en una novela, por demencial que sea, como las mías, hay que mantener un cierto realismo. Si yo tuviera que escribir una novela de ambiente australiano, con mis escasos conocimientos de ese país habría tenido que limitarme a poner canguros por todas partes para darle realismo. Eso sería muy ridículo, así que abandoné rápidamente el proyecto. Podrían decirme ustedes que cambiara Australia por otro lugar que sí conociera, Groningen, por ejemplo. Pero no sería lo mismo, Australia era el escenario ideal, está tan lejos...
Le expliqué mis cuitas acerca de “Por qué tuve que ir a Australia sin ganas” a un amigo, que pretendió ayudarme y me dio toda la información que él poseía sobre el país. “En Australia no hay atunes y los australianos no saben qué son”, afirmó. Reflexioné sobre este dato y se me ocurrió un párrafo ciertamente formidable:

“Abril y el doctor Pretores estaban cenando a la luz de las velas.
--Páseme el atún, Pretores --dijo Abril.
--No puedo. No tengo y desconozco qué es --dijo el doctor.
--Ah, es verdad, disculpa --dijo Abril.
--No te preocupes. ¡Mira, mira, otro canguro! --dijo el doctor, señalando a la ventana”.

No está mal, pero admito que necesitaría más información de primera mano sobre Australia para seguir adelante con mi ambicioso proyecto literario. Y eso se me antoja un trabajo demasiado enorme comparado con mis escasas ganas de dedicarme a la literatura.

4 Comments:

Blogger Birraboy said...

"Aunque yo no soy escritor, una de mis más queridas aficiones es la redacción de novelas". Fenomenal.
Tot i això no em ve de gust fer un comentari, encara que estigui fent un comentari. I ja està.

12:05 PM  
Blogger sp_spp said...

Suposo que només ets escriptor si tens sents, no, Jordi? Perquè Austràlia i perquè no qualsevol lloc? hi ha tants llocs que són lluny! Sobre això de la llunyania se'm va acudir una mena de diàleg o fragment d'història fa temps... i que he anat reproduint cada cop que arribava a casa, estava sola, i em quedava absorta mirant una maleta. Quantes vegades li he dit a algú: "Qualsevol dia d'aquests agafo una maleta i me'n vaig! I fora!"

Ella se encontraba en un local de Barcelona lleno de humo y cerveza barata. Allí estaba, con los ojos abiertos; esos ojos que destellaban una luz extraña y casi imposible de descifrar su significado. Sentada en un taburete con una cerveza en la mano hablaba de cosas banales y no tan banales con gente que jamás pensó conocer o que existieran. La verdad, sin embargo, es que hablaba de todo y en realidad no estaba diciendo nada. Porqué no había nada qué decir. Era un día gris de momentos grises con una vida gris que ella había querido que así fuera. Y entonces apareció quién no sospechaba que aparecería en un lugar como ése. Él iba vestido con su ropa informal y con un ramo de flores en la mano. Creía que esa persona había quedado en el pasado. De hecho, es que ella no le había dado demasiada importancia. Sólo había sido un lío de una noche. Pero allí estaba él: temblando y con una sonrisa nerviosa en la cara. Le mostró las flores y se las entregó a pesar de la cara de estupefacción de ella. No se lo podía creer. Y menos aún cuando él dijo:

- He comprado dos billetes de avión para ir a París.

No entendió nada. ¿Qué es lo que estaba pasando y se le escapaba de las manos?

Pero él prosiguió ante la miradas medio burlonas pero asombradas de los allí presentes.

- ¿Es lo que querías, verdad? ¿Es lo que siempre habías deseado que te ocurriera, no es así?

Y entonces ella ya no supo cómo reaccionar. Se tambaleó en el taburete y casi se cayó al suelo del impacto de esas palabras. Cogió con poca destreza un cigarrillo y lo encendió con la mano temblorosa. Pero no dijo nada. Esperó a que él continuara con su explicación e intentó tragar saliva. Pero no pudo. Tenía un nudo en la garganta. Esos nudos que te avisan de que alguien te está diciendo exactamente la verdad.

- Abril, creo que eres la mujer que he estado esperando siempre. Creo que, en el fondo, he esperado siempre que llegara este momento. Incluso... - y ahora era él quién tragaba saliva a duras penas - incluso creo que ya te quería mucho antes de conocerte, mucho antes que me miraras con esa sonrisa tan abierta que tienes y me dijeras de ir a tomar algo a cualquier sitio. I volvió a preguntar: ¿no es eso lo que andabas buscando?

Ahora sí que ella reaccionó y enfadada por esas revelaciones de ella misma por parte de un desconocido, dijo:

- ¿Cómo puedes saber tú lo que yo deseo?

Y él le respondió con calma, sin immutarse por la agresividad de la pregunta:

- Porqué eres una inconformista, y lo sabes. Pero me encanta tu pasión por la vida. Me vuelve loco.

Entonces todo dio un giro de 180º grados. La escena se fue haciéndose borrosa, casi inimaginable. Allí estaba ella, con alguien que le había dado las claves de su existencia y ahora le ofrecía una mano.

- ¿Te acuerdas de lo que me dijiste en mi casa, Abril?

- Te dije muchas cosas... ya no me acuerdo. - mintió ella y él lo sabía.

- Yo sí. Me acuerdo que me dijiste que andabas buscando a alguien con quién no hiciera falta gritar para que te escuchara. Me dijiste que sólo querías alguien al lado que pudiera oler el dolor de tu alma de agua...

Abril se sonrojó. Habían estado bebiendo mucho esa noche y ya se sabe, que cuando una está borracha, se dicen muchas tonterías. Las mismas que acostumbran a ser verdad.

- Vénte conmigo, Abril. Sé que no me quieres, sé que no estás enamorada de mí, pero quiero cuidarte...

Y ahí fue el preciso instante donde todo explotó:

- No puedo permitir que hagas eso, Iván. ¿No lo ves? Sólo te haría una persona infeliz. No puedes estar esperando eternamente a que a mi, un día cualquiera, se me encienda una lucecita en la cabeza y me diga todo lo que estoy perdiendo y decidia que tú debes caminar a mi lado. No puedes vivir esperando eso, Iván... No sería justo para tí. Tú aún no sabes lo que es. ¿Qué clase de vida crees que es? - y ahora su tono de voz se hizo más grave mientras lo señalaba a él con su cigarrillo - Te diré lo que es: es una mierda. ¿Y sabes por qué Iván? Porqué es una vida falsa.

Se arrepintió de sus palabras al instante y con un hilo de voz, sin mirarlo a los ojos, murmuró que lo sentía.

- No me importa, Abril. Vénte conmigo, ¡es Paris! ¡Es tu gran sueño! ¡Es tu vida! ¿o es que preferies seguir aquí, insatisfecha por todo lo que haces?

- Eso sería huir... y no me gusta - volvió a replicar ella.

- No es verdad. No es huir. Es empezar.

Entonces él le tendió la mano. Ella se levantó del tabuerete, se acercó a él, se miraron y le abrazó. Ya nada era banal en ese lugar a partir de entonces. Cuando se deshizo el abrazo, le acarició la mejilla y mientras unas lágrimas resbalaban por su rostro silenciosamente, se despidió con una sonrisa:

- Véte, por favor. Véte antes que me arrepienta y vaya en tu busca y hagamos este viaje. - Y con un gesto señaló la puerta del local - Corre...

Y se fue. Y ella se volvió a sentar en su taburete, se encendió otro cigarrillo y suspiró largamante sin mirar a nadie. No quería mirar a nadie, tampoc los hubiera visto. Al cabo de unos segundos, se volvió a los que estaban a su lado y permanecían expectantes a su reacción y exclamó sonriendo, con alguna que otra lágrima que brotaba de sus ojos. Eran lágrimas que admitían una alegría peculiar que sólo ella podía sentir:

- ¡Soy una imbécil!

Cogió sus cosas, se levantó de su asiento, lo miró a él en señal de disculpa, y cuando se diponía a marcharse, alguien gritó desde el fondo de la sala:

- ¿Adónde vas, Abril?

Ella se giró y gritó también:

- A buscarlo.

2:47 PM  
Blogger Jordi said...

Ostres Núria, això és un supercomentari. Ens hem de posar d´acord, no pot ser que tots parlem de l´Abril, al final no sabrem de qui parlem.

12:58 AM  
Blogger sp_spp said...

Doncs sí, la veritat... jeje! però és que et poso al mail que t'acabo d'enviar... l'Abril sempre serà l'Abril... canviaran les circumstàncies, canviarà ella mateixa, però l'Abril... buff!! ella sempre tindrà molta força! l'únic que em sap greu és que t'hagi robat el nom... ho sento...

11:24 AM  

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