sabato, maggio 12, 2007

Catorce pesetas













Mi amigo se llamaba Pérez. Cualquiera tiene muchos amigos que se llaman Pérez; yo no. De mis amigos, él único que se llamaba así era él. Tuve un amigo apellidado Budesca y el tonto de mi clase se llamaba Cepeda, pero entre mis amigos sólo había un Pérez. Eso le daba un cierto aire exótico, al menos para mí. De Pérez, además, se decía que tenía un descomunal éxito con las mujeres. O, para ser más exactos, con las chicas, porque cuando yo le traté apenas teníamos 12 o 13 años. Pérez era bastante estúpido, pero yo cultivaba su amistad por si acaso pillaba alguna migaja de su éxito. Una tarde, hace ya bastantes lustros, paseábamos Pérez y yo por las Rambles. A la altura de Canaletes Pérez me dijo:

-Sentémonos un ratito en esas sillas. A ver a las titis.
-Vale -dije yo, poniendo esa voz tan tonta que tienen los adolescentes cuando oyen la palabra “titis”, esa voz tan parecida a la de un leñador subnormal en celo.

Pérez y yo nos sentamos pues en unas de esas sillas que, en esa época -a principios de los 80- había en la parte alta de las Ramblas y que, ahora que lo pienso, no sé si aún están. No tardaron unos segundos en pasar las primeras titis; Pérez, demostrando su amplio conocimiento del asunto, me dijo:

-Mira, mira.

A él también se le había puesto la voz de leñador subnormal en celo. Eso me gustó, demostraba que estábamos en la misma onda en el tema de titis, aunque él tuviera fama de éxito descomunal y yo no me comiera nunca un rosco. Salivando desagradablemente, observamos el paso de aquellas primeras muchachas, hasta que un señor uniformado nos interrumpió.

-Buenas tardes, señores. Son veintiocho pesetas -nos informó.
-¿Hay que pagar? -dijo Pérez, aún con voz de leñador subnormal.
-No va a ser gratis, chaval -repuso el vigilante- Catorce pesetillas por silla.

Pagamos, claro, las veintiocho pesetas, que en aquel tiempo no eran antiguas sino simplemente roñosas. El caso es que Pérez y yo pasamos unos veinte minutos allí viendo pasar a las titis. Al final, Pérez propuso invitar a las próximas que pasaran.

-Les digo que las invitamos a las sillas -me dijo.
-¿Para qué? -pregunté yo.
-Para ligar -me dijo el leñador subnormal.
-Vale, vale -dije.
-¿Tienes dinero?
-Emm -dije- Siete pesetas.
-Mierda -dijo él- Yo tampoco llego.

Pasamos un rato más viendo titis, pero algo ya sin tanto interés. Se nos hizo tarde. Nos despedimos y cada uno se fue por su lado. Al día siguiente, en el colegio, Pérez les contó a Budesca y al burro de Cepeda:

-Este y yo estuvimos ayer ligando en las Rambles. Qué tías, macho.

Vi la cara de admiración de Budesca y de Cepeda y comprendí que acaba de recibir una lección inolvidable de Pérez. Ese día nació mi fama de conquistador impenitente, que ya no dejó de crecer hasta nuestros días. El documento gráfico que aporto es la prueba de ello.
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8 Comments:

Blogger Reich said...

Así que tu eras el colega del afamado Pérez... quién me lo iba a decir!!

Por cierto, tu prueba me parece mucho más elegante y sofisticada que esos que coleccionan mechones de pelo, bragas, tangas o muescas en la cama como señal de su capacidad de conquista.

Un beso.

10:41 PM  
Blogger Sauce said...

eso vamos alas ramblas a ver cachos de carne,jejej
Yo hacia lo mismo con una amiga,paseabamo arriba y abajo para ver tios y nos los señalabamos con las horas "¡¡¡Tio bueno alas 3 en punto!!!""
Besos

7:17 PM  
Blogger Cabeza Mechero said...

De pequeño siempre estuve obsesionado con esas sillas; era pasar por delante y querer sentarme. Mi señora madre nunca me dejó, pues decía que no pensaba gastarse ni un duro en sentarse en una silla en la calle. Ahora creo que realmente lo que quería era que no me convirtiera en un vil Don Juan.

5:07 AM  
Blogger The lesbian sisters said...

voy a tener que ir a sentarme a las sillas de las ramblas...

paula

1:03 PM  
Blogger Stella Blue said...

Ahora son gratis, pero sólo hay unas veinte, y mafias de pordioseros se las turnan a la hora de la merienda. Unos las guardan y otros van a por los bocadillos y las cervezas.

2:33 PM  
Anonymous malagueño said...

14 pesetas por turno elegido, se pierde todo el derecho al levantarse...me pregunto si los famosos hombres estatuas de las ramblas son una especie de consecuencia evolutiva darwiniana de aquellos "Perez" y cia. extasiados con el paso de las "titis"...

Saludos de uno que hace tiempo te lee, nunca comentaba nada (tampoco esta tontería es realmente un comentario...), cada vez somos más los que echamos un vistazo a tu blog de vez en cuando por estas tierras. Molt bé!

9:50 AM  
Anonymous Anonimo said...

Y me vengo a este post a dejarte una dirección... por si algún día te apetece tomarte un café.

soloreich.blogspot.com

12:01 AM  
Anonymous Syldavia said...

Jajaja que historia :)
Adoro Las Ramblas, en realidad me encanta Barcelona en sí.
Ese ticket se parece a los antiguos de los autobuses de Cádiz. Me los has traido a la memoria, yo conservé uno mucho tiempo en el que apunté atrás la fecha, fue la primera vez que monté en bus sola. Venia de la biblioteca de leer Tintín.
De repente me han venido un montón de recuerdos, esto me da para un post ;)

10:06 PM  

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