martedì, agosto 22, 2006

Peras

Este fin de semana la Nueva y yo fuimos al pueblo de sus ancestros. A mí lo de “ancestros” siempre me ha sonado a hombres prehistóricos que llevan taparrabos y chanclas de piel de dinosaurio, pero la verdad es que los ancestros de la Nueva son personas normales y corrientes, aunque, eso sí, muy numerosos y llevan casi todos los mismos nombres, como si fueran ancestros de una novela de García Márquez. Una de las tías de la Nueva, la tía Obdulia -una de las tías Obdulias, en realidad-, nos regaló una caja de peras, recién cogidas, pues en ese pueblo se dedican a cultivar fruta, y en cantidades ingentes, aunque no tanto como número de parientes de la Nueva. Eso fue el sábado por la mañana, y yo pasé el resto del día comiendo esas peras regaladas, pequeñas, blandas y sabrosas. Un placer, vaya. Me comí unas diecisiete, pero a la mañana siguiente no sufrí ningún tipo de resaca, como cuando me dedicaba únicamente al whisky de malta.
El domingo estábamos invitados a comer a la casa del tío Venancio -uno de ellos-. Eramos veintidós a la mesa, una decena de tíos Venancio y una decena de tías Obdulias, la Nueva y yo. Comimos y bebimos opíparamente y diría que hasta salvajemente, como comen los ancestros en mis sueños de ancestros. A los postres, la tía Obdulia trajo a la mesa una fuente llena de peras. La Nueva me miró, yo sonreí y con la euforia del momento exclamé:

-Tía Obdulia, me vuelven loco tus peras.

Se produjo un silencio sepulcral, como dice el tópico, y todos me miraron severamente.

-Las frutas, me refiero. Las peras frutales -intenté aclarar.
-Claro, claro -dijo la tía Obdulia de las peras.

Me sentí como el protagonista del fabuloso chiste de Mistetas. Comí algunas peras, pero por la tarde me sentí algo empáculo, que es una mezcla de empachado y ridículo.

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4 Comments:

Blogger Cabeza Mechero said...

No viene a cuento, pero este post me ha recordado a cuando un amigo mio, le pregunto a su chica con cara seria, ¿oye, podremos llamar a nuestra hija Antonia? Ella respondió que no, diciendole que el nombre le daba asco y pena. Así surgió el término ascopena, utilizado frecuentemente por mi, casi tan a menudo como barbecho.´
Se puede decir que a diario cojo empáculos de decir estas palabras.

1:09 PM  
Blogger miriam said...

El sr. Freud se frotaría las manos con la frasecita!

1:19 PM  
Blogger Jordi said...

Miri, estoy esperando tu lista de palabras empáculas y añorgadas

2:54 PM  
Blogger Peasho said...

Muy buena historia....

2:39 PM  

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