giovedì, novembre 23, 2006

La Nueva en Braunschweig

La Nueva y yo estuvimos unos días en Alemania, por motivos laborales. Es decir, que teníamos fiesta en el trabajo. Y la verdad es que me debo estar haciendo mayor, pero cada vez estoy más de acuerdo con esa frase del poeta inglés Philip Larkin que ya apunté hace unos meses en este blog: como a Larkin, a mí me encantaría visitar la China ahora mismo si esta tarde pudiera estar ya en casa. Me doy cuenta de que, últimamente, cada vez que viajo disfruto de dos grandes momentos; el primero, al inicio del viaje, cuando subo al tren o al coche, o cuando despega el avión, y siento esa excitante ilusión de que abandono el hogar y la rutina. El otro gran momento de placer es el retorno, cuando me acerco a Barcelona y pienso que en breve estaré en casa y podré olvidarme de las maletas que no desharé hasta un par de días después y podré sentarme en mi sofá o tumbarme, por fin, en mi cama. Sí, es verdad, me hago mayor.
Entre esos dos grandes momentos, un viaje es un cúmulo de pequeños grandes instantes que recordaré para siempre. Esos pequeños grandes instantes no suelen tener mucha relación con el lugar al que he visitado. Sé, por ejemplo, que de mi estancia en Berlín me olvidaré más o menos pronto de la visita que la Nueva y yo hicimos a lugares emblemáticos de la ciudad como los restos del Muro o el Check Point Charlie, que los alemanes han convertido en un pequeño Disneyworld. Son esos lugares que uno, embutido en su papel de turista, visita casi como por obligación, pero no siempre con un interés real.
Recordaré para siempre, sin embargo, que me quedé embobado viendo el Spree, porque a mí los ríos urbanos siempre me dejan embobado. Me ocurre cada vez que contemplo el Támesis o el Sena, lo cual es hasta cierto punto lógico, pero también viendo el Liffey, el Hudson o el Ebro. Mi río urbano preferido es el Corrib a su paso por Galway, al oeste de Irlanda, pero eso también tiene mucho que ver con la fascinación, no muy normal, que siento por esa pequeña ciudad. Una de las pocas cosas que no me gustan de mi ciudad, Barcelona, es que no tiene un gran río. No me importaría que el Ayuntamiento suprimiera el Paseo de Gracia y montara un buen río urbano.
Ríos aparte, sé que de este viaje a Alemania jamás olvidaré otro pequeño gran momento: en la agradable y bonita población de Braunschweig a la Nueva se le ocurrió entrar en una librería con la intención de buscar el equivalente al “Calendario Zaragozano” en alemán. Primero tuvo que explicarme a mí qué caray es un “Calendario Zaragozano”. Se trata, me explicó, de un libro que se publica anualmente desde hace décadas y que reúne los pronósticos meteorológicos día a día, además de otras informaciones útiles como un santoral completo, las fases de la luna, las ferias y mercados de toda España o la época precisa en que un buen agricultor zaragozano debe cultivar cada producto.

-Ah -dije yo- eso es como una “Auca del Pagès” catalana.
-Exacto -dijo ella- Es que yo soy más del “Calendario Zaragozano”.

Pues resulta que un familiar de la Nueva colecciona calendarios zaragozanos y versiones del mismo en otros idiomas. Y a la Nueva le pareció lo más normal del mundo entrar en una librería de Braunschweig y pedir un libro de ese tipo. No explicaré lo difícil que nos resultó preguntar, en nuestro limitado inglés e inexistente alemán, por un “Calendario Zaragozano”. Diré que nos enviaron sucesivamente a las secciones de astrología, agricultura y meteorología, pero no hallamos el ansiado ejemplar. Eso sí, nos reímos mucho viendo las expresiones de pasmo de los dependientes y de algunos clientes que contribuyeron a la búsqueda.
Para vivir momentos como aquel sé que, aunque me estoy haciendo mayor, volveré a viajar en cuando tenga ocasión. Y, además, me quedan aún muchos grandes ríos urbanos que ver.

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7 Comments:

Blogger Merlí said...

Si et passeges de nit per qualsevol carrer de ciutat vella, podràs comprovar com la BCNeta obre les seves mangueres y deixa fluir quantitats vergonyoses d'aigua potable!! No m'ho havia plantejat, però potser, enlloc de netejar, l'Ajuntament de Barcelona està fent esforços per tenir un riu a la ciutat.

1:34 PM  
Blogger Cabeza Mechero said...

Hombre, el Besós no es un gran rio... tampoco está situado en ningun lugar emblemático de la ciudad condal... pero podría ser explotado turisticamente, vendiendo postales de sus peces de dos cabezas y de sus culebras radioactivas. Además es la frontera natural entre la gran urbe barcelonesa y la gran urbe santakolomera, sólo por eso ya merece ser visitado y fotografiado.

2:46 PM  
Blogger miriam said...

Supongo que os habréis hecho LA foto...

11:34 PM  
Blogger Reich said...

Hombre no!! el paseo de Gracia no!!

La Nueva y tú... sois raritos de cojones, verdad??

¿¿calendarios zaragozanos en alemania??

No sé... vete a deshacer la maleta, anda!

Un beso.

11:58 PM  
Blogger Jordi said...

Nos hicimos "la foto", Miri, y en varias versiones, como es habitual. Y raros no somos, Reich, raros son los alemanes, que aún no han publicado el Calendario Zaragozano del 2007. Por lo que hace referencia al Besós (y lo mismo podría decir del Llobregat), no sé si lo mejor que podríamos hacer es convertirlos en ríos subterráneos y llamarlos Línea 14 y Línea 15, por ejemplo.

10:15 AM  
Blogger Stella Blue said...

siempre queda la opción de subir a castellfollit de la roca, ribes de freser o camprodon. No son Dublin, pero los ríos son mucho más espectaculares, limpios y bonitos que el Liffey (aunque nadie ahogara en ellos a ninguna Ofelia) y seguro que se encuentra allí alguna auca, a parte de hermosos paisajes y riquísimos embutidos.

10:49 AM  
Blogger Okzelui said...

A mí me gustaba mirar el paso de Támesis. Como también las tardes de Sol en la desembocadura del Guadiana. Pero la puesta de Sol en la desembocadura del Guadalquivir solo es comparable a una tarde de invierno en el mirador de San Nicolás con el palacio rojo de horizonte: La Al-hambra.

1:01 PM  

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