Bajo la lluvia
En ocasiones uno empieza a leer un libro y su primera frase le azota en la cara como un huracán o le acaricia la mejilla como solo podría hacerlo la mano de un ser amado. No suele ocurrir, pero a veces sí, y por supuesto esas sensaciones son absolutamente personales e intransferibles. Me ocurrió ayer con la primera frase de Elena, de Evelyn Waugh:
"Una vez, hace mucho tiempo, aun antes de que tuvieran nombre las flores que resistían y se agitaban al pie de las murallas barridas por la lluvia, cerca de una ventana del piso alto de una casa estaban sentados una princesa y un esclavo que le leía un cuento que ya entonces era viejo".
Soy muy poco dado a las ensoñaciones pseudohistóricas, pero leí eso e inmediatamente me sentí transportado a no sé dónde y vi esas flores que se agitaban bajo la lluvia, vi mis pies mojados sobre la hierba, sentí frío y vi las oscuras murallas. En fin, cosas mías. Decía que a veces uno descubre una de esas maravillosas primeras frases; luego, lo que sigue quizá estará a la altura o quizá no. Depende.
"Una vez, hace mucho tiempo, aun antes de que tuvieran nombre las flores que resistían y se agitaban al pie de las murallas barridas por la lluvia, cerca de una ventana del piso alto de una casa estaban sentados una princesa y un esclavo que le leía un cuento que ya entonces era viejo".
Soy muy poco dado a las ensoñaciones pseudohistóricas, pero leí eso e inmediatamente me sentí transportado a no sé dónde y vi esas flores que se agitaban bajo la lluvia, vi mis pies mojados sobre la hierba, sentí frío y vi las oscuras murallas. En fin, cosas mías. Decía que a veces uno descubre una de esas maravillosas primeras frases; luego, lo que sigue quizá estará a la altura o quizá no. Depende.
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