venerdì, febbraio 15, 2013

Poemas ¿atroces?

En una frase de su Noticia de un secuestro Gabriel García Márquez se parece a Borges, al decir de un personaje que en su juventud "cometió poemas".

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giovedì, novembre 13, 2008

Lotería

Estoy acumulando ya, desde octubre y ante el espanto de la Nueva, numerosas participaciones de la Lotería de Navidad. Ella insiste en que el ahorro es la vía más segura hacia el bienestar familiar y que todo ese dinero que estoy gastando en números, décimos y participaciones deberíamos dedicarlos a los estudios universitarios de Umbrello, como si fuéramos estadounidenses de telefilm. Quizá a la Nueva no le falte razón, pero siempre he sentido una irresistible atracción hacia la Lotería de Navidad. Y digo que quizá no le falte razón porque los grandes maestros (los novelistas, los de antaño y los de ahora) han advertido al vulgo de los peligros y falsedades de la lotería.
Lo hizo Stendhal, por ejemplo, en Rojo y negro: “La lotería: engaño cierto y felicidad buscada por locos”, nos dejó escrito. O George Orwell, en 1984: “La lotería, que pagaba cada semana enormes premios, era el único acontecimiento público al que los proles concedían una serie atención. Probablemente, había millones de proles para quienes la lotería era la principal razón de su existencia. Era toda su delicia, su locura, su estimulante intelectual. En todo lo referente a la lotería, hasta la gente que apenas sabía leer y escribir parecía capaz de intrincados cálculos matemáticos y asombrosas proezas memorísticas. Toda una tribu de proles se ganaba la vida vendiendo predicciones, amuletos, sistemas para dominar el azar y otras cosas que servían a los maniáticos. Winston (..) sabía perfectamente (como cualquier miembro del Partido) que los premios eran en su mayoría imaginarios. Sólo se pagaban pequeñas sumas y los ganadores de los grandes premios eran personas inexistentes”.
¿Quizá la lotería es un montaje? ¿Cómo Bin Laden, los asombrosos resultados del Barça actual o la religión? Borges lo asegura en La lotería en Babilonia, en la que insinúa que la Compañía que reparte fabulosos y extrraños premios en realidad no existe más que como justificación de la gris vida de los babilónicos. Según mi querido Chéjov la lotería sí existe, pero sólo para desesperar aún más a los necesitados. En el cuento El billete de lotería, el miserable protagonista se cree millonario por unas horas hasta que descubre que ha leído mal el número ganador; es posible que algún día me ocurra eso a mí, que ayer viendo las noticias leí mal un titular que rezaba: “Los peligros de consumir cannabis”. Ante mi propio pasmo, leí: “Los peligros de consumir caníbales”. En fin. Pelegrí, el pobre protagonista de Les garses, una obra teatral del modernista catalán Ignasi Iglésias, ve como se estropea su vida en cuanto le toca la lotería: pierde la confianza en todos aquellos que le rodean.
Apenas hay referencias sobre la felicidad que proporciona la lotería (la premiada, claro). Recuerdo que en La hora de la cerveza, de Anthony Burgess, el borrachín Nabby Adams pierde su billete pero alguien le regala otro: el ganador. Nabby promete dedicar todo el dinero a beber y a ayudar a sus amigos: felicidad completa. Y también recuerdo, pero muy vagamente, que en una novela de Julio Verne (Por un billete de lotería, creo que se llamaba) hay dos enamorados, un naufragio, un Robinson Crusoe enamorado, una novia desconsolada, un billete de lotería guardado durante años como prenda de amor, un oportuno rescate y una alegría final sin precedentes y con boda por todo lo alto.
Prefiero esa visión de la lotería, la de Burgess y la de Verne, que las anteriores. Aunque también sospecho que la Lotería de Navidad es un fraude y que ese palurdo que el día del sorteo aparece borracho botella de champán en mano en todos los telediarios del país diciendo que ha ganado 20 millones es un actor. Siempre el mismo. Muy malo, por cierto.

PD: Agradecería nuevas aportaciones sobre el tema lotero en la literatura. Estoy escribiendo una monografía. Sobre actores borrachos.

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lunedì, ottobre 27, 2008

La verdadera historia

Llevaba días yo reflexionando acerca de la crisis actual. Los periódicos van repletos de titulares tremebundos: que es el fin del capitalismo como lo hemos conocido, que el sistema bancario peligra, que las cifras del paro se disparan, que la Bolsa se derrumba (y a mí qué, pienso: yo prefiero el Casino). Es, dicen, una crisis que pasará a los anales de la historia. Que se hablará de ella durante siglos.
Pues no: a mí se me antoja que quizá no hay para tanto. Que es posible que mañana me quede sin trabajo y que mi banco me diga al siguiente que se ha pulido mi inmensa fortuna. Pero que de ahí a que la crisis pase a la historia con titulares del cuerpo 26 hay un trecho.
Pero no sabía explicar todo eso hasta que, ayer, tomé un libro al azar para ir al lavabo y, también al azar, lo abrí por una página cualquiera y leí exactamente y con una precisión asombrosa lo que yo quería decir:

“Tales jornadas” -imaginad que esas jornadas son las de la crisis que nos azota- “tienen menos relación con la historia que con el periodismo: yo he sospechado que la historia, la verdadera historia, es más pudorosa y que sus fechas esenciales pueden ser, asimismo, durante largo tiempo, secretas”.

Es Borges, claro está, quien habla.

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giovedì, giugno 21, 2007

Indios, campings y recuerdos

Anoche, en el Astrolabi, Flash me presentó a un amigo:

-Este es Paraguas en llamas -dijo, señalándome.
-¿Paraguas en llamas? Encantado -dijo el amigo.
-Igualmente -dije yo.

¿Me llamo ya Paraguas en llamas? Por unos momentos me sentí como un jefe indio. Luego, ya en la cama, mientras me adormecía lentamente, recordé esa conversación con ese surrealismo que sólo proporciona el sueño inminente y esa vez no me sentí como un indio piel roja, sino como un camping. Me acordé de campings que conocía e inventé otros: el Camping La Ballena Alegre, el Camping La Ardilla Roja, Las Arenas Blancas, El Sol y La Playa. Y el Camping Paraguas en llamas. Me pareció que mi camping tendría un indudable toque diabólico y me dormí feliz.

PD: Con Flash y con Ponyboy también hablamos ayer, muy brevemente, de tiempos pasados y eso me hizo pensar en aquellas salidas nocturnas con ellos y con mi hermana la Chocholoco, del espantoso bar de Kika y de sus guitarras olvidadas, del Jabalí y sus rebuznos, de aquella canción que se llama Marielle, de aventuras en taxi y de otras cosas. Esta mañana pretendía hablar aquí de eso, pero luego me acordé de esa frase, creo que de Borges (“nuestros recuerdos son de la última vez que los contamos”) y me dio pena seguir falseando esos recuerdos.

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domenica, ottobre 02, 2005

Sobre diccionarios y enciclopedias

Leído en un anuncio de la Enciclopedia Británica:

“Alguna vez oí decir que Aldous Huxley había leído hoja por hoja los 30 volúmenes de la Encyclopaedia Britannica y durante años soñé con repetir esa proeza agotadora y fructífera”
(Gabriel García Márquez).

Y leído en una entrevista a Jorge Luis Borges:

“ -¿Cuál es su género literario favorito?
-Lo que más me gusta es la enciclopedia. Es la mejor lectura para un hombre ocioso y curioso. Cuando empecé a ir a la Biblioteca Nacional, era muy tímido, así que sacaba un tomo de la Enciclopedia Británica y empezaba a leer. La letra D la leí entera”
(La Vanguardia, 2 de juny de 1985):

Y más sobre diccionarios y enciclopedias: uno de los protagonistas de la novela “The Captain and the enemy”, de Graham Greene, explica que la única distracción que tenía durante su cautiverio en un campo de concentración eran unas pocas páginas de un diccionario, las que van de la F a la G. Por ese motivo al personaje le quedó la costumbre de utilizar continuamente, y fuera de contexto, palabras como “funámbulo”, “fuliginoso”...

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martedì, agosto 30, 2005

Parecidos

“A Anglada le seguía un señor que, de cerca, parecía el mismo Anglada visto de lejos”

(Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares: Seis problemas para don Isidro Parodi)

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lunedì, maggio 23, 2005

Sobre las enciclopedias

“ -¿Cuál es su género literario favorito?
-Lo que más me gusta es la enciclopedia. Es la mejor lectura para un hombre ocioso y curioso. Cuando empecé a ir a la Biblioteca Nacional, era muy tímido, así que sacaba un tomo de la Enciclopedia Británica y empezaba a leer. La letra D la leí entera.”

(Entrevista a Jorge Luis Borges, La Vanguardia, 2 de juny de 1985)

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venerdì, maggio 13, 2005

Los dos

“Me dijo que le gustaba salir a caminar sola. Recordé una broma de Schopenhauer y contesté:
–A mí también. Podemos salir juntos los dos”

Del conte “Ulrica”, de “El libro de arena”, de Jorge Luis Borges

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